sábado, 17 de noviembre de 2018

Lealtad familiar: ¿Ser o NO Ser como mi padre?


 Esta es la historia de un niño que amaba mucho a su madre, y admiraba mucho a su padre. Siempre lo acompañaba como su fiel compañero y aprendiz, pero lo que no sabía era que estaba aprendiendo mucho más que un oficio junto a él, estaba aprendiendo cómo “Ser un hombre” según su padre.
En algún momento este niño comenzó a ver que su padre se relacionaba con otras mujeres, siéndole infiel a su madre. Ante esta situación el niño se molestó con su padre, pero nunca pudo aceptar ni expresar ese enojo, porque no podía permitirse cuestionarlo, él era su héroe, su modelo a seguir, y así creció junto a ese hombre que le mostraba el camino a la adultez.
Al salir a la vida ese niño adolescente conoció a una chica que amó con su corazón, pero el modelo de hombre que había aprendido de su padre le decía que para ser un “verdadero hombre” no bastaba con estar con una sola mujer. Él no pudo en ese momento seguir los pasos de su padre, entonces convocó a su vida una chica que le dijo que él era poco para ella, que no era un verdadero hombre, y por eso lo abandonó. El chico no comprendía por qué le estaba ocurriendo eso, no sabía que inconscientemente la voz de su padre resonaba diciéndole que un hombre debía estar con muchas mujeres, sino no sería hombre.
Luego de esa experiencia el niño adulto dejó a un lado el dolor de ese primer amor y salió a la vida a SER como su padre. Era tanta la necesidad de aprobación de ese niño adulto, que cada día luego de serle infiel a su mujer, iba a ver a su padre para contarle lo que había hecho, y ante ese relato su padre lo alentaba y le mostraba su admiración.
Llegó un día en el que el niño adulto se cansó de la vida que llevaba, porque no era lo que en verdad quería ser. Volvió a molestarse con su padre por no haberlo guiado cuando le contaba esas historias, por no haberle dicho que no era correcto lo que estaba haciendo y que no necesitaba seguir sus pasos, pero enseguida reprimió ese enojo y se sintió culpable, por lo que había hecho durante esos años y por casi permitirse cuestionar a su padre.
Después de un tiempo conoció a otra mujer, y volvió a sentir el amor. Estaba decidido a no cometer los mismos errores del pasado. Pero la vida quería mostrarle nuevamente que si continuaba sintiendo esa lealtad al modelo de su padre y no lograba cortar ese cordón invisible que lo unía al concepto de hombre aprendido de él, nunca podría conocerse a sí mismo ni manifestar lo que en verdad quería en su vida.
Fue así que ante esta nueva actitud del niño adulto que intentaba despegarse del modelo aprendido, su padre comenzó a juzgar su relación por un motivo o por otro, pero él no cedería, no esta vez. Más tarde su mujer volvió a ser el espejo de aquel sentimiento de ser poco hombre. Tanto su padre directa e indirectamente, como ella le decían que no se comportaba como un hombre, los motivos aparentes eran diversos, pero la razón real de ese juicio que recibía era que inconscientemente sabía que no estaba cumpliendo con el modelo aprendido, lo estaba haciendo mal.
Cansado y angustiado decidió buscar el origen de esa situación y acudió a mi consultorio para encontrarse con su niño interior. Luego de algunas charlas pudimos ver ese pacto implícito que había hecho con su padre y por primera vez se permitió cuestionarlo. Se encontró con su niño interior y le dio permiso de expresar ese enojo que sintió al verlo traicionando a su madre. Pero que quede claro, la idea no es culpar a uno o al otro, simplemente es permitirle al niño soltar eso que reprimió, y luego reescribir el modelo que ese pequeño creyó que era el correcto.
Finalmente el niño adulto que estaba sentado frente a mí pudo decir:
“Papá, estoy muy enojado porque hiciste sufrir a mi mamá, yo la amo y me duele verla sufrir. También te amo papá, pero no quiero seguir tus pasos, no me gusta la vida que llevas, hoy elijo tomar de tu alma todo el amor que me diste y soltar las cosas que me causaron dolor. A partir de hoy voy a construirme como hombre por mis propios medios, con mis valores y deseos, con el amor que merezco recibir y el amor que tengo para dar. Gracias por la vida papá, gracias por querer darme lo mejor. Ahora puedo amarme, ahora puedo amar”
Gracias por leer y compartir!!
Belén Aguirre
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Repetir la historia de mamá? o NO hacerlo?









 
El otro día en una sesión con una mujer estábamos abordando el tema de las personas que había convocado en su vida, todas ellas parecían necesitar de ella, de su fortaleza, de su iniciativa. Ante esta situación la mujer se sentía utilizada y no comprendía por qué no podía encontrar una persona que caminara a su lado poniendo la misma voluntad e iniciativa que ella.

Al comenzar a hablar de su madre, el modelo de mujer que había visto en su infancia, con mucha admiración me comentó que había sido una guerrera, una luchadora, una líder, que llevó a su familia adelante.

Cuando una niña ve un modelo de mujer en su madre, al salir a la vida podrá elegir, inconscientemente, ser como ella o no ser como ella. En algunos casos podrá decir “A mi madre le paso esto, y a mí NO me va a pasar”, o podrá decir “Mamá, yo seguiré tus pasos porque te amo”, entre otro abanico de opciones. En cualquiera de los casos esa niña adulta estará ocupada de SER o NO SER su madre, y no podrá descubrir quién es ella realmente hasta que corte ese cordón invisible que la une por lealtad a su madre, es decir, hasta que tome conciencia de que está proyectando en su vida una película que no refleja la vida que realmente quiere, sino que refleja la vida que su niña creyó que era la realidad.

Al ver la admiración con la que se refería a su madre y luego de explicarle esto a la mujer, le pregunté ¿Cómo te hubieras transformado en la guerrera, en la luchadora, en la líder, si hubieses convocado a tu vida personas independientes, luchadoras y con iniciativa? En esta película que proyectaste, el papel que elegiste era el de líder y guerrera por lo tanto al convocar a los actores para tu película, buscaste a quienes te permitieran representar ese papel.

Podría decir que su cara se iluminó de sorpresa como la de una niña viendo un acto de magia. De pronto todo era muy claro, todo se trataba de una proyección, de una película que su niña había escrito, y todas esas personas que sentía que la utilizaban, simplemente eran actores permitiéndole hacer su acto.
No es que sus experiencias se borren simplemente por ver esto, pero ahora dejó de sentirse una víctima y comprendió el poder que tiene para crear su vida.
El siguiente paso será decir “Gracias mamá por la vida que me diste, a partir de ahora voy a escribir el guión de mi propia película, estas experiencias no me pertenecen, quiero descubrir quién soy y recibir lo que en verdad merezco”.

Conocer lo que nuestros niños y niñas interiores escribieron en ese guión creyendo que era la única realidad, nos ayuda a entender la película que estamos viviendo y los actores que estamos convocando. Es hora de hacernos cargo de esos niños y niñas que llevamos dentro, y así seremos adultos capaces de acompañar con amor también a los niños y niñas del mundo, nuestros descendientes, los creadores de un nuevo mundo.

Gracias por leer!
Belén Aguirre

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