CAPITULO IX
APRENDIENDO A RELACIONARME DESDE EL SER
Después de mucho tiempo de moverme siempre dentro del mismo grupo de
personas, llegó el día de comenzar con el profesorado de yoga, dejar la
seguridad del hogar y encontrarme con personas que no conocía y que iban a
acompañarme a lo largo de ese año.
Al conocer a mis compañeras y mis profesoras no pude ver cuánto iba a
aprender de ellas. Fue unas semanas después cuando comprendí que había ampliado
mis posibilidades de ver mi interior al relacionarme con este nuevo grupo.
Logré entender de lo que habla Sergi Torres cuando dice que nosotros no
nos relacionamos con seres, nos relacionamos con los conceptos que tenemos de
las personas. Cuando vemos a alguien por primera vez creamos un concepto de esa
persona, es buena, es mala, es simpática, es amable, es egoísta, y así según lo
que percibimos de esa persona es el concepto que tenemos de ella y es lo que
vamos a ver cuando nos relacionemos. Es por eso que una misma persona puede ser
para alguien amable, y para otro antipática. No es que cambie la persona sino
que cambia el observador, lo mismo pasa con los objetos y las situaciones,
según quien lo mire puede ser bueno o malo, lindo o feo, pero en realidad no
están viendo la esencia están viendo conceptos.
Cuando pude ver esto, es decir que yo le había dado un rol a cada
persona del grupo, me propuse que la clase siguiente iba a relacionarme desde
el ser, iba a conocer nuevamente a esas personas, iba a olvidar los conceptos
que cree e intentaría ver la esencia. Así lo hice y pude ver seres, con sus
vivencias, con sus metas, con sus conceptos.
Es muy gratificante darse cuenta que todo eso que creemos de la sociedad
solo son nuestros conceptos, quiere decir que si puedo tomar conciencia de eso
y empezar a relacionarme desde el ser, ya nadie puede ofenderme, nadie puede dañarme,
nadie lo hizo nunca.
Puede sonar utópico pero es muy simple. Me ocurre seguido cuando viajo
en remis, muchas veces el chofer es amable y correcto, y otras veces no solo no
responden a mi saludo sino que van todo el viaje protestando por los semáforos,
por los otros autos, y por lo que se les cruce en el camino, usualmente los
podía catalogar como amables y malhumorados, pero hoy puedo ver que esos son
solo mis conceptos. Porque hay toda una historia sobre esos cuerpos que están
conduciendo un auto para llevarme donde les pido, pero también hay un ser puro
que espera ser escuchado, que esta opacado por todas sus vivencias, por sus
temores, por sus recuerdos, por su incesante parloteo interno que lo obliga a
preocuparse por todo. Si yo puedo comprender, que esa persona no es una
malhumorada o una antipática, si puedo ver que es un ser puro como yo, como
vos, como todos, que solo está en un cuerpo cegado por su experiencia de vida
que quizás ni siquiera comprende, puedo darme cuenta que nada de lo que hace me
lo está haciendo a mí.
No solo no me siento atacada, sino que comprendo a esa persona, y lejos
de contribuir a su enojo discutiendo con ella, buscare la forma de sacarle una
sonrisa, y si no lo logro se la regalaré.
Esto es algo que en otro momento de mi vida me parecía imposible de
comprender, allá por los comienzos de este camino, cuando Wayne Dyer me hablaba
de amor incondicional y de sentirme uno con todas las personas, era algo
incomprensible para mí. Hoy trabajo a diario para recordar este bellísimo
aprendizaje, no te voy a decir que soy 100% consciente siempre, porque estaría
mintiendo, pero cuando pasa alguna situación similar y noto que me genera
molestia o angustia, enseguida trato de tomar conciencia y recordar esto que es
un alivio para el alma, porque no solo no colaboro para que el otro se enoje más
sino que yo tampoco lo hago y puedo sentirme en paz.
Para terminar este capítulo quiero compartir con vos algo que escribí un
día, después de darme cuenta lo equivocada que estaba al creer que el trabajo
que yo estoy haciendo en mi interior es difícil, y que era más fácil y cómodo
seguir al montón que cree que la vida es dura y que hay que lucharla, o pasarla
lo mejor posible. En momentos en los que me sentía agotada por tener que
trabajar tantos aspectos de mí llegue a decir:
-
Yo sé
que es más fácil dejar todo y vivir en el mundo que viven todos, porque después
de todo viven, pero después de experimentar la paz de este camino, no quiero
dejar, quiero vivir de esta nueva forma.
Hasta que comprendí que vivir como yo vivo hoy es mucho más fácil que
vivir como vive la mayoría de la sociedad, el verdadero esfuerzo lo hacen ellos
no yo, y ellos me inspiraron para escribir esto:
“Los miro y aprendo tanto, lejos de sentirme
superior los admiro por vivir en el mundo que creen vivir, por verlos esforzarse
día a día por vivir… si supieran que no es necesario el esfuerzo a menos que
ellos así lo crean. Es cierto que es difícil vaciarse de todo lo que aprendimos,
pero una vez que lo logras es todo tan simple.
Por eso los admiro, por su fuerza, por su
valor y su tenacidad. Muchos viven esforzándose por alcanzar “la meta”, otros
viven solo porque su cuerpo se presta a hacerlo y a veces no de la mejor
manera, pero mientras resista, ellos “viven” y buscan que hacer hasta que se
termine el tiempo.
¿Podés ver el valor de esas vidas?
¿Podés apreciar esa fe que a simple vista
parece no estar?
Es en ellos donde realmente puedo ver la fe y
el amor, porque caminar por un sendero lleno de flores y hermoso en abundancia
es fácil, donde los carteles me indican “Vas por buen camino”, “Seguí adelante”,
“Te amo”, “Estas haciendo un buen trabajo”, “Estoy orgulloso de vos”, caminar
en un sendero así te alienta a seguir indudablemente.
Pero caminar en un sendero oscuro, donde
tropezás a cada paso, donde te sentís muy solo y para peor los carteles te
dicen “¿Para qué estás acá?”, “¿Quién sos?”, “¿Estás seguro del camino que
elegiste?”, sentís que los carteles te atacan, pareciera que ni tu camino
quiere recibirte. Pero no es eso lo que tus carteles quieren provocar en vos,
su intención es ayudarte a iluminar ese camino, ayudarte a encontrar tu
propósito, a descubrir quien sos realmente, ayudarte a entender que podes
elegir ver, que podes prender la luz y ver las flores y empezar a disfrutar del
viaje.
Como decía, admiro a esas personas que en
esas condiciones siguen caminando y quizás nunca logren sentir el amor de su
camino hacia ellos, quizás no consigan abrirse a la posibilidad de elegir de
nuevo, pero igualmente día a día se levantan a luchar la vida.”
Por último te propongo que mires por la ventana y te detengas en los
pensamientos que te surjan de la primera persona que veas y que reconozcas que
eso son solo tus conceptos, porque en realidad no sabes nada de la vida de esa
persona.
Ahora que sabes esto, cuando te sientas ofendido porque alguien te trató
mal o no te saludó, intentá ver que esa persona es mucho más que un cuerpo que
te esta agrediendo, que hoy vos, que llegaste hasta esta parte del libro,
afortunadamente ya tenés muchísima información y sabes que tus posibilidades
son infinitas y que tenés el control de tu vida, y que él quizás no tiene esa
información y tal vez no llegue nunca a saber que puede elegir de nuevo.
Comprendelo por él y por vos, porque te mereces vivir en paz, y porque
él también merece vivir en paz, pero no lo sabe.
Como dije al principio de este capítulo, ampliar el circulo de personas
en el que estaba, me permitió aprender más de mí, por eso es tan importante no
encerrarse y relacionarse con el mundo, porque lo que veamos ahí afuera es lo
que somos, y si no nos gusta, ahora sabemos que lo podemos cambiar, empezando a
cambiar desde nuestro interior.
Texto extraído del libro "Creando caminos, despertando creadores" de Belén Aguirre
Consultá cómo adquirir el libro en papel en: belenaguirrelibros@gmail.com