CAPITULO IV
EL TRABAJO INTERIOR DEBE SER
AUN MÁS PROFUNDO
Cuando dejé de ver a mi marido como alguien que tenía que darme lo que
yo necesitaba (convencida de que sola no podía), o como el que ponía palos en
la rueda para que no lograra lo que quería (justificando mi inseguridad y falta
de actitud), logré hacerme cargo de mi vida y ver a Walter como un compañero.
Me sorprendí al ver lo que era capaz de hacer con esta nueva actitud,
literalmente de un día para el otro, me puse a hornear masas y tartas y salí a
venderlas por los negocios de mi barrio. Todos los días tenía mis horarios bien
organizados, tiempo para hornear y salir a vender, tiempo para mi familia,
tiempo para la casa y para salir a pasear.
La confianza en mí misma no solo se veía en mi relación con el mundo
sino también en mi relación conmigo, y ahora entiendo que esto último es lo que
hacía que percibiera que el mundo era distinto. Cuando comencé a valorarme yo,
cuando logre confiar en mí y cuando empecé a sentirme a gusto estando sola o
acompañada, fue cuando empecé a sentir que mi entorno me valoraba, que mi
entorno sentía que era capaz y que mi entorno disfrutaba de mi compañía.
Hoy comprendo perfectamente que el mundo es el espejo de mi interior, y
de la forma que yo me sienta es cómo voy a sentir al mundo que me rodea.
Porque cuando juzgas te estás juzgando, cuando te juzgan, te habías
juzgado vos primero.
Es sorprendente, incomprensible para algunos, pero funciona así, sin
vueltas, y es tan simple como comprobable, basta con pensar en eso que tanto te
molesta del otro, o eso que sentís que el otro no te da, o pensar en eso que siempre,
no importa cuánto te esfuerces en evitarlo, siempre se repite. Después fijate si vos estás dándole al otro
eso que sentís que el otro no te da, y si ves que efectivamente se lo estás
dando pero igual la situación se repite fijate si te lo estás dando a vos
misma. Crees que es el mundo contra vos, pero en realidad el mundo, ese mundo
que ves… ¡SOS VOS!
¿Qué te está mostrando tu mundo?
Ahora entiendo cómo funciona, pero en aquel momento no pude valorarlo de
esa manera, creo que atribuía todos los cambios a mi nueva actitud, pero de una
forma arrogante “Yo soy buena, por eso el mundo es bueno conmigo” no logré
comprender que cuando el mundo “no era bueno conmigo” también era mi
responsabilidad, y es por esto que después de un tiempo todo empezó a ser como
antes, todavía faltaba trabajar mucho más en mi interior.
No solo debía aprender a asumir mi responsabilidad, sino que también tenía
que empezar a utilizar con más compromiso las herramientas que Silvia Freire me
brindaba, y una muy importante eran “las tablas de la ley”.
Estas “tablas” hacen referencia a situaciones que vivimos de niños, o
comportamientos y esquemas mentales que aprendimos de los adultos y creímos que
eran la realidad, la única forma de vivir. Silvia nos cuenta metafóricamente
que cuando somos niños escribimos en nuestras tablas de la ley todas esas cosas
que vamos aprendiendo, y cuando somos adultos las repetimos tal cual como las
escribimos, por ejemplo, si yo escribí en mis tablas de la ley que los maridos
son como un hijo más, llegado el momento mi niña interior va a revisar su tabla
de la ley y va a orientarme a que busque un marido que se comporte como un hijo
más, para poder cumplir con esas tablas.
De esta manera, yo repetía situaciones y preconceptos adquiridos en mi
infancia, como por ejemplo “las sociedades rompen la amistad” y “los autos solo
ocasionan gastos” entre otros. Si bien podía reconocer que era por eso que los repetía,
no había comprendido como sanar esas situaciones para que dejaran de repetirse.
Ahí es cuando debía entrar en acción otra herramienta que Silvia me presentó
“EL HO´OPONOPONO”, pero al parecer no supe cómo usarla en ese momento y por eso
digo que todo se derrumbó, dejé de trabajar y volví a encerrarme en mi casa.
Embarazada de mi tercer hijo, me dediqué a estar en
casa y, aunque no volví a ser la misma que era antes de empezar con mi trabajo
interior, tampoco me sentía tan bien como había logrado sentirme después de
conocer este camino. Lo realmente positivo de todo esto, es que una vez que
viste que el camino puede ser distinto, podés dormirte de a ratos y entregarte
a la mecanicidad, pero eso que sentiste cuando empezaste el cambio no se olvida
del todo, y siempre en algún momento buscas la forma de volver a sentirlo, de
encaminarte de nuevo hacia la paz interior, y cada vez que lo hacés te
involucrás más profundamente.Texto extraído del libro "Creando caminos, despertando creadores" de Belén Aguirre
Consultá cómo adquirir el libro en papel en: belenaguirrelibros@gmail.com

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