sábado, 28 de julio de 2018

Creando caminos, despertando creadores: Capítulo 4

CAPITULO IV
EL TRABAJO INTERIOR DEBE SER
AUN MÁS PROFUNDO

Cuando dejé de ver a mi marido como alguien que tenía que darme lo que yo necesitaba (convencida de que sola no podía), o como el que ponía palos en la rueda para que no lograra lo que quería (justificando mi inseguridad y falta de actitud), logré hacerme cargo de mi vida y ver a Walter como un compañero.
Me sorprendí al ver lo que era capaz de hacer con esta nueva actitud, literalmente de un día para el otro, me puse a hornear masas y tartas y salí a venderlas por los negocios de mi barrio. Todos los días tenía mis horarios bien organizados, tiempo para hornear y salir a vender, tiempo para mi familia, tiempo para la casa y para salir a pasear.
La confianza en mí misma no solo se veía en mi relación con el mundo sino también en mi relación conmigo, y ahora entiendo que esto último es lo que hacía que percibiera que el mundo era distinto. Cuando comencé a valorarme yo, cuando logre confiar en mí y cuando empecé a sentirme a gusto estando sola o acompañada, fue cuando empecé a sentir que mi entorno me valoraba, que mi entorno sentía que era capaz y que mi entorno disfrutaba de mi compañía.
Hoy comprendo perfectamente que el mundo es el espejo de mi interior, y de la forma que yo me sienta es cómo voy a sentir al mundo que me rodea.
Porque cuando juzgas te estás juzgando, cuando te juzgan, te habías juzgado vos primero.
Es sorprendente, incomprensible para algunos, pero funciona así, sin vueltas, y es tan simple como comprobable, basta con pensar en eso que tanto te molesta del otro, o eso que sentís que el otro no te da, o pensar en eso que siempre, no importa cuánto te esfuerces en evitarlo, siempre se repite.  Después fijate si vos estás dándole al otro eso que sentís que el otro no te da, y si ves que efectivamente se lo estás dando pero igual la situación se repite fijate si te lo estás dando a vos misma. Crees que es el mundo contra vos, pero en realidad el mundo, ese mundo que ves… ¡SOS VOS!
¿Qué te está mostrando tu mundo?
Ahora entiendo cómo funciona, pero en aquel momento no pude valorarlo de esa manera, creo que atribuía todos los cambios a mi nueva actitud, pero de una forma arrogante “Yo soy buena, por eso el mundo es bueno conmigo” no logré comprender que cuando el mundo “no era bueno conmigo” también era mi responsabilidad, y es por esto que después de un tiempo todo empezó a ser como antes, todavía faltaba trabajar mucho más en mi interior.
No solo debía aprender a asumir mi responsabilidad, sino que también tenía que empezar a utilizar con más compromiso las herramientas que Silvia Freire me brindaba, y una muy importante eran “las tablas de la ley”.
Estas “tablas” hacen referencia a situaciones que vivimos de niños, o comportamientos y esquemas mentales que aprendimos de los adultos y creímos que eran la realidad, la única forma de vivir. Silvia nos cuenta metafóricamente que cuando somos niños escribimos en nuestras tablas de la ley todas esas cosas que vamos aprendiendo, y cuando somos adultos las repetimos tal cual como las escribimos, por ejemplo, si yo escribí en mis tablas de la ley que los maridos son como un hijo más, llegado el momento mi niña interior va a revisar su tabla de la ley y va a orientarme a que busque un marido que se comporte como un hijo más, para poder cumplir con esas tablas.
De esta manera, yo repetía situaciones y preconceptos adquiridos en mi infancia, como por ejemplo “las sociedades rompen la amistad” y “los autos solo ocasionan gastos” entre otros. Si bien podía reconocer que era por eso que los repetía, no había comprendido como sanar esas situaciones para que dejaran de repetirse. Ahí es cuando debía entrar en acción otra herramienta que Silvia me presentó “EL HO´OPONOPONO”, pero al parecer no supe cómo usarla en ese momento y por eso digo que todo se derrumbó, dejé de trabajar y volví a encerrarme en mi casa.
Embarazada de mi tercer hijo, me dediqué a estar en casa y, aunque no volví a ser la misma que era antes de empezar con mi trabajo interior, tampoco me sentía tan bien como había logrado sentirme después de conocer este camino. Lo realmente positivo de todo esto, es que una vez que viste que el camino puede ser distinto, podés dormirte de a ratos y entregarte a la mecanicidad, pero eso que sentiste cuando empezaste el cambio no se olvida del todo, y siempre en algún momento buscas la forma de volver a sentirlo, de encaminarte de nuevo hacia la paz interior, y cada vez que lo hacés te involucrás más profundamente.

Texto extraído del libro "Creando caminos, despertando creadores" de Belén Aguirre


Consultá cómo adquirir el libro en papel en: belenaguirrelibros@gmail.com



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