CAPITULO III
UN NUEVO DESPERTAR
Definitivamente la ley de la atracción funcionaba, a lo largo de un año
lo había comprobado en repetidas ocasiones, pero algo seguía faltándome, y sin
darme cuenta en el camino volví a “dormirme”.
Fue el 17 de junio del 2012 cuando se festejó el día del padre, después
de visitar a mi papa y a mi suegro volví a mi casa sola ya que mi marido se
quedó un rato mas conversando con su papa. No me sentía del todo bien y no sabía
por qué, entonces recordé que mi mamá me había dicho que los domingos en la
radio estaba el programa de una mujer que hablaba de visualizar y atraer lo que
uno quiere a su vida, que a ella le gustaba mucho y me sugirió escucharla.
¡¡Silvia Freire!! La persona que me ayudó a ver más allá de lo material,
la persona que me invitó a conocerme a mí misma, otro gran cambio en mi vida
estaba a punto de comenzar.
Empecé leyendo “Avivate”, su primer libro, muy inspirador para mí. En él
relata situaciones cotidianas de un ama de casa que se siente víctima del mundo
que la rodea, y presenta una nueva perspectiva que invita a ver las cosas de
otra manera, a elegir conscientemente como querés sentirte, a tomar el control
de tu vida.
Indudablemente parecía estar hablándome a mí, entre risas y asombros al
darme cuenta de cómo estaba eligiendo sentirme, comencé a buscar más
herramientas que me ayudaran a tomar el control de mi vida.
Silvia en su página de internet tenía esas herramientas que buscaba, una
de ellas fueron “Los 4 acuerdos” de Miguel Ruiz:
-
Se impecable
con tu palabras
-
No te tomes
nada personalmente
-
No hagas
suposiciones
-
Haz siempre
tu máximo esfuerzo
Ponerlos en práctica me ayudó mucho, sobre todo los resultados
instantáneos que me brindó el 3er acuerdo, ya que hacer suposiciones era uno de
mis errores más recurrentes, siempre estaba “pensando que el otro pensaba…” o me
ponía a la defensiva con “¿Qué te pasa? Pusiste cara como diciendo…”, eso podía
desatar largos debates, y tampoco faltaba la oportunidad en la que suponía que
el otro sabía lo que yo quería, entonces en lugar de pedirlo esperaba y
esperaba a que el otro lo ofreciera, y si no lo hacía ahí estaba yo, con mis
enojos injustificados, que para mí eran muy justificados.
Para ilustrar una situación donde evidentemente estaba cayendo en este
último ejemplo, luego de haber leído y escuchado a Silvia Freire y de haber
trabajado con los 4 acuerdos, escribí un cuento después de darme cuenta de la
caprichosa situación que había creado una noche, y obviamente festejé por
haberla visto y no creerme una vez más que yo tenía razón.
“La loca del pozo
Es increíble cuando en tu
cabeza empieza a escucharse una voz que ya no cuestiona el comportamiento de
los demás sino el tuyo. Que te hace analizar y entender que estas por provocar
cosas que en verdad no querés y que si te dejás llevar por la situación en tu
papel de víctima siempre vas a creer que los demás están empeñados en hacerte
enojar, cuando en realidad sos vos el que por alguna razón quiere estar
enojado. Me pasó el otro día con mi marido, cuando yo, cansada y engripada, quería
pedirle que se encargara de dormir a nuestro hijo.... ¡pero no lo hice!
entonces me quede fuera de la cama, actitud que después de unos cuantos minutos
él notó y yo aclaré que lo hacía para no tomar frío cada vez que me llamara el
nene, a lo que él dulcemente sugirió:
- Acostate amor, yo me
encargo.
Pero claro, yo enojada porque
HABIA TARDADO UNOS CUANTOS MINUTOS dije:
-
¡No, dejá!
Entonces él siguió mirando la tele y después
de varios minutos más, me levante furiosa y fui a dormir a mi hijo pensando -"ahora
cuando se duerma, vuelvo, le doy la espalda y no le dirijo la palabra"
entonces una voz en mi cabeza me dijo:
-
¡Paraaaaaa! Repasemos… ¿Qué
hizo él para que lo trates así? ¿Qué es lo que querías que hiciera? ¿Acaso él
no se ofreció para hacerlo? ¿Y vos que dijiste? ¡ahhhh! ¡¡Viste!! ¡que sos
complicada eh!
Entonces como a mi “yo complicada” le costaba
entender y aceptarlo, mi voz interior lo planteó de otra forma más grafica.
-
A ver, imaginémoslo así… Te caíste
en un pozo, y estas protestando porque no podes salir, entonces tu marido
amablemente te baja una escalerita, y vos, quién sabe por qué, decís "no,
dejá". Empezás a trepar por las paredes, y cuando salís cansada y llena de
tierra tu marido te dice "¡Qué bien! Pudiste salir. Vení sentate, te ayudo
a limpiarte".... y vos indignada le reclamás "No, salí, no ves que me
caí a un pozo, que tuve que trepar por las paredes y blah blah blah..." Ayy
nena, si trepaste por las paredes fue porque quisiste, porque él te ofreció su
ayuda y la rechazaste, ¿Qué sentido tiene culparlo a él?
Y así fue como mi voz
interior me hizo entrar en razón y volví a la cama muerta de risa por verme
actuar como la loca del pozo.”
Esto pasó así como lo relata el cuento, y hoy lo comparto sin vergüenza
de mostrarme como era, porque sé que muchos pueden identificarse actuando de
forma similar, y sobre todo porque el haberme dado cuenta en ese momento, y
haberlo tomado con humor fue, aquel día, la prueba de que algo estaba cambiando
en mi interior, algo de todo lo que estaba leyendo ya había despertado a esa
voz interna que iba a empezar a guiarme y a ponerme en alerta cuando me
desviara.
Texto extraído del libro "Creando caminos, despertando creadores" de Belén Aguirre
Consultá cómo adquirir el libro en papel en: belenaguirrelibros@gmail.com

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