sábado, 28 de julio de 2018

Creando caminos, despertando creadores: Capítulo 3


CAPITULO III
UN NUEVO DESPERTAR

Definitivamente la ley de la atracción funcionaba, a lo largo de un año lo había comprobado en repetidas ocasiones, pero algo seguía faltándome, y sin darme cuenta en el camino volví a “dormirme”.
Fue el 17 de junio del 2012 cuando se festejó el día del padre, después de visitar a mi papa y a mi suegro volví a mi casa sola ya que mi marido se quedó un rato mas conversando con su papa. No me sentía del todo bien y no sabía por qué, entonces recordé que mi mamá me había dicho que los domingos en la radio estaba el programa de una mujer que hablaba de visualizar y atraer lo que uno quiere a su vida, que a ella le gustaba mucho y me sugirió escucharla.
¡¡Silvia Freire!! La persona que me ayudó a ver más allá de lo material, la persona que me invitó a conocerme a mí misma, otro gran cambio en mi vida estaba a punto de comenzar.
Empecé leyendo “Avivate”, su primer libro, muy inspirador para mí. En él relata situaciones cotidianas de un ama de casa que se siente víctima del mundo que la rodea, y presenta una nueva perspectiva que invita a ver las cosas de otra manera, a elegir conscientemente como querés sentirte, a tomar el control de tu vida.
Indudablemente parecía estar hablándome a mí, entre risas y asombros al darme cuenta de cómo estaba eligiendo sentirme, comencé a buscar más herramientas que me ayudaran a tomar el control de mi vida.
Silvia en su página de internet tenía esas herramientas que buscaba, una de ellas fueron “Los 4 acuerdos” de Miguel Ruiz:
-          Se impecable con tu palabras
-          No te tomes nada personalmente
-          No hagas suposiciones
-          Haz siempre tu máximo esfuerzo  
Ponerlos en práctica me ayudó mucho, sobre todo los resultados instantáneos que me brindó el 3er acuerdo, ya que hacer suposiciones era uno de mis errores más recurrentes, siempre estaba “pensando que el otro pensaba…” o me ponía a la defensiva con “¿Qué te pasa? Pusiste cara como diciendo…”, eso podía desatar largos debates, y tampoco faltaba la oportunidad en la que suponía que el otro sabía lo que yo quería, entonces en lugar de pedirlo esperaba y esperaba a que el otro lo ofreciera, y si no lo hacía ahí estaba yo, con mis enojos injustificados, que para mí eran muy justificados.
Para ilustrar una situación donde evidentemente estaba cayendo en este último ejemplo, luego de haber leído y escuchado a Silvia Freire y de haber trabajado con los 4 acuerdos, escribí un cuento después de darme cuenta de la caprichosa situación que había creado una noche, y obviamente festejé por haberla visto y no creerme una vez más que yo tenía razón.

“La loca del pozo
Es increíble cuando en tu cabeza empieza a escucharse una voz que ya no cuestiona el comportamiento de los demás sino el tuyo. Que te hace analizar y entender que estas por provocar cosas que en verdad no querés y que si te dejás llevar por la situación en tu papel de víctima siempre vas a creer que los demás están empeñados en hacerte enojar, cuando en realidad sos vos el que por alguna razón quiere estar enojado. Me pasó el otro día con mi marido, cuando yo, cansada y engripada, quería pedirle que se encargara de dormir a nuestro hijo.... ¡pero no lo hice! entonces me quede fuera de la cama, actitud que después de unos cuantos minutos él notó y yo aclaré que lo hacía para no tomar frío cada vez que me llamara el nene, a lo que él dulcemente sugirió:
- Acostate amor, yo me encargo.
Pero claro, yo enojada porque HABIA TARDADO UNOS CUANTOS MINUTOS dije:
-          ¡No, dejá!
 Entonces él siguió mirando la tele y después de varios minutos más, me levante furiosa y fui a dormir a mi hijo pensando -"ahora cuando se duerma, vuelvo, le doy la espalda y no le dirijo la palabra" entonces una voz en mi cabeza me dijo:
-          ¡Paraaaaaa! Repasemos… ¿Qué hizo él para que lo trates así? ¿Qué es lo que querías que hiciera? ¿Acaso él no se ofreció para hacerlo? ¿Y vos que dijiste? ¡ahhhh! ¡¡Viste!! ¡que sos complicada eh!
 Entonces como a mi “yo complicada” le costaba entender y aceptarlo, mi voz interior lo planteó de otra forma más grafica.
-          A ver, imaginémoslo así… Te caíste en un pozo, y estas protestando porque no podes salir, entonces tu marido amablemente te baja una escalerita, y vos, quién sabe por qué, decís "no, dejá". Empezás a trepar por las paredes, y cuando salís cansada y llena de tierra tu marido te dice "¡Qué bien! Pudiste salir. Vení sentate, te ayudo a limpiarte".... y vos indignada le reclamás "No, salí, no ves que me caí a un pozo, que tuve que trepar por las paredes y blah blah blah..." Ayy nena, si trepaste por las paredes fue porque quisiste, porque él te ofreció su ayuda y la rechazaste, ¿Qué sentido tiene culparlo a él?
Y así fue como mi voz interior me hizo entrar en razón y volví a la cama muerta de risa por verme actuar como la loca del pozo.”


Esto pasó así como lo relata el cuento, y hoy lo comparto sin vergüenza de mostrarme como era, porque sé que muchos pueden identificarse actuando de forma similar, y sobre todo porque el haberme dado cuenta en ese momento, y haberlo tomado con humor fue, aquel día, la prueba de que algo estaba cambiando en mi interior, algo de todo lo que estaba leyendo ya había despertado a esa voz interna que iba a empezar a guiarme y a ponerme en alerta cuando me desviara. 

Texto extraído del libro "Creando caminos, despertando creadores" de Belén Aguirre

Consultá cómo adquirir el libro en papel en: belenaguirrelibros@gmail.com



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