CAPITULO VIII
AUNQUE TENGA LA POSIBILIDAD DE ENSEÑAR A
OTROS, SIEMPRE SOY ALUMNA
En una oportunidad una amiga que desconocía mi nueva forma de pensar me
pidió una opinión sobre una cuestión que le causaba molestia, me contó sobre
las causas de eso y no se encontró con la persona que quizás en otro momento
hubiera contribuido, sin maldad, a su malestar. Yo le comenté que tenía una
forma de ver distinta a la que ella conocía de mí, y que si estaba interesada
podía hablarle desde esa nueva perspectiva.
Ella accedió intrigada, y después de hablar un rato y contarle como
podía ver yo esas situaciones que le molestaban desde mi percepción, quiso
interiorizarse en el tema. Le sugerí que empezara con Silvia Freire, ya que
como ella misma dice “su especialidad son las mujeres” y después de mostrarle
la pagina de Silvia y el libro “Avivate” le preste el “Minuto a Minuto” que es
otro libro de Silvia en el que presenta muchas de las herramientas que menciono
en este libro, además de ser un manual de instrucciones para entrenar la mente
y empezar a ser consciente en cada minuto de la vida.
Entusiasmada con el cambio al día siguiente fue a la librería y se
compró tres libros de Silvia, además de empezar a escuchar sus programas
radiales.
En un principio comenzó a ver los cambios que ocurrían en su vida
gracias a esta nueva forma de ver que estaba adquiriendo.
Se le presentaban miles de situaciones en las que podía poner a prueba
lo aprendido, porque sucede así realmente, si querés trabajar la paciencia, el
universo, la vida, o como quieras llamarlo, te va a dar miles de situaciones
donde puedas trabajar la paciencia, así se aprende, no se trata de decir, soy
una persona paciente, soy una persona amable, sino de llevarlo a la práctica y
verte actuando de esa forma cuando cada situación lo requiera.
En una oportunidad estaba viajando en el tren y se sentó una señora a su
lado, la mujer le conto algunos problemas por los que atravesaba y ella sintió
el deseo de regalarle el libro de Silvia que iba leyendo en el viaje. En ese
momento llegaron al destino y bajaron del tren, se perdieron en el tumulto y
una vez que salió de la estación se volvió a cruzar con esta mujer, entonces en
ese momento, al ya estar receptiva a este tipo de situaciones, se dio cuenta de
que era una nueva oportunidad de hacer lo que había sentido que debía hacer
antes, así que la llamó y le regalo el libro. La mujer con lagrimas en los ojos
y asombrada por su gesto, le agradeció profundamente y ella se sintió tan bien de
haberlo hecho que en ese mismo momento me llamó para contarme su gratificante
experiencia.
Así pasaron unas semanas y su trabajo interior prosperaba, pero en algún
momento volvió a dormirse y la mecanicidad la llevó a caer en la victimización
nuevamente.
Unos meses después, volvió a mi casa y me contó que estaba atravesando
por unos problemas de pareja, luego de relatarme su forma de ver las cosas le
dije:
-
Sabés que yo tengo otra forma de ver las
cosas y es desde la responsabilidad y no desde la victimización ¿En verdad
querés que te dé mi opinión sobre esto?
De alguna forma yo sabía que, ya teniendo una idea de mi nueva
perspectiva, ella tenía en cuenta que lo que le iba a decir no era precisamente
“pooobreee, viste, todos los hombres son iguales”, sino que iba a orientarla
para que vea su responsabilidad en la situación.
Como ya tenía conocimientos de este nuevo pensamiento y las herramientas
que se pueden utilizar, no fue difícil mostrarle como sus actitudes estaban
provocando la reacción del otro. Enseguida pudo reconocer como, cegada por la postura
de victima que había asumido, se estaba perdiendo de ver lindos gestos que su
marido tenía con ella, y no solo que no podía verlos, sino que actuaba de forma
muy despectiva frente a estos hechos. Después de una larga charla en la que
pudo elegir una nueva forma de pararse frente a la situación volvió a su casa.
Entristecida me llamo a las pocas horas, porque cuando llegó, su marido
le planteo que ya estaba cansado y que no quería seguir así. Él le dio las
mismas explicaciones de hartazgo que mi amiga tenia al llegar a mi casa, pero
ella se había ido con una actitud completamente distinta, y desde mi
perspectiva esta nueva situación que se le presentaba era la prueba para que
pudiera poner en práctica todo lo que habíamos hablado.
Se lo planteé de esa forma, ya que las circunstancias harían que ellos
convivieran un tiempo más, le sugerí que lo tomara como una oportunidad de
aprendizaje y pusiera en práctica todo lo aprendido.
Así lo hizo, y si bien la convivencia se hizo más agradable, su marido
estaba decidido y eso le generaba cierto temor.
En ese momento me di cuenta que mi tarea no era tratar de recomponer su
pareja, eso iba a suceder por si solo si tenía que ser así, mi tarea era lograr
que ella alcanzara su paz interior para poder afrontar cualquier resultado. Así
que en eso me enfoqué.
Pasaron unas semanas y ella siguió trabajando en su interior, viendo que
actitudes de ella no le generaban paz y cuales si, y dejando de ser una persona
reactiva para empezar a pensar antes de actuar y evaluar de qué forma en verdad
deseaba afrontar cada situación.
Cuando llegó el día de la separación ella había conseguido tener una paz
interior que hasta ella misma se asombraba. Tenía en claro lo que quería, pero
también sentía que era necesario que las cosas fluyeran y se dieran en los
tiempos que la vida propusiera.
Por momentos la ansiedad y el amor la inundaban, y se impacientaba al
ver que no parecía haber cambios de parte de su marido, pero en otras
ocasiones, comprendía que sus tiempos no eran los mismos que los de él, y se
ocupaba de su hijo, de su casa, y de
ella misma, trabajando mucho en su interior.
Durante varios días cenábamos juntas y hablamos de cómo lo estaba
viviendo, de sus expectativas y de sus miedos. Hablamos de la importancia de no
generarse esas expectativas, de vivir el presente, de dejarse sorprender por la
vida, de no querer planificar todo de antemano, ni empezar a suponer que “el
otro piensa…”, o “el otro hace…”, o “el
otro me va a decir…”. Trabajamos para mantener la mente en silencio y escuchar
al corazón, también en estar abierta a los cambios de rumbo inesperados, y de
permitirse vivir las emociones de la mejor manera posible, desde la conciencia
y en armonía con su ser interior.
Resumiendo un poco al cabo de unas semanas mi amiga estaba ya muy bien
parada en su nueva vida, con proyectos y muchas ganas de superarse día a día
tanto en su trabajo interior como en el ámbito social y laboral. Fue entonces
cuando su marido se comunico con ella y le dijo que toda esa situación le había
permitido pensar mucho, que quería estar con ella y con su hijo y que quería
darle otra oportunidad a la pareja. En un principio ella se sintió abrumada,
quizás por el temor de estar dando un paso atrás a toda la tranquilidad que
había logrado, en realidad no sé muy bien qué es lo que pasaba por su mente en
ese momento, pero su actitud era distante, parecía que ya no le interesaba
intentarlo de nuevo. Cuando habló conmigo noté que estaba cayendo nuevamente en
una postura de víctima, esta vez de una forma distinta, con cierta arrogancia,
que según mi percepción provenía del miedo a caer nuevamente justo en el
momento en el que había logrado reponerse.
Yo había dejado ya de acompañarla de cerca, para permitirle actuar desde
su ser, como quien enseña a andar en bicicleta a su hijo, sabe cuando llega el
momento de soltarlo y ver que lo logra por sí mismo, pero en ese momento, en el
que percibí que estaba actuando desde el miedo y no desde el amor, sentí que
debía intervenir, sutilmente, solo ser una luz de alerta por si se había
dormido. Entonces le dije:
-
Fijate, vos sabes que hacer, escucha a tu
corazón, pensá que es lo que querés realmente, actuá desde el corazón, creo que
le diste el volante a tu ego y es necesario que te mantengas despierta para ver
si te está llevando a donde vos querés ir. Antes de actuar preguntate ¿Esto me
va a llevar a lo que yo deseo? ¿Esto es lo que me trae paz?
Eso fue lo último que hablamos ese día, al día siguiente me llamó y me
dijo que había estado pensando, que se preguntó que quería en verdad, y que se
dio cuenta de que estaba por dejarse llevar por una situación que en realidad
no estaba acorde a sus deseos. Se encontró con su marido, hablaron mucho de los
cambios que se produjeron en ambos, pusieron en claro cuestiones que antes
quedaban en silencios y enojos por falta de comunicación, y se dieron una nueva
oportunidad.
Hoy la veo muy bien junto a su marido y su hijo, enfocada en crecer y
aprender, tomando cada situación que se presenta como una oportunidad para
conocerse y para seguir aprendiendo.
Dejó su papel de víctima para tomar el control de su vida y comprender
su condición de alumna de sus experiencias.
En todo ese gratificante proceso de ayudar a mi amiga a encontrar su
paz, pude aprender muchísimas cosas. Por momentos se generaban debates con mi
marido por las distintas percepciones que teníamos de la situación. Creí que en
ese momento los dos llegamos a un punto en el que competíamos por tener la
razón. Aunque en verdad después comprendí que yo lo estaba percibiendo de esa
forma, yo era la que sentía que él competía conmigo y yo era la que sentía que
cada vez que decía algo, él me interrumpía para decir lo mismo pero con otras
palabras. Y fue muy gracioso cuando me di cuenta de eso, porque tomé conciencia
de que estaba aprendiendo tanto como mi amiga, que me estaba olvidando de
trabajar en mí todos los días. Cuando comprendí todo esto enseguida le conté a
mi marido lo que me había estado pasando, la forma en la que yo estaba
percibiendo su actitud y como pude ver que tenía que trabajarlo desde mi ser.
Nos alegramos por poder comunicarnos de esa forma y tuvimos muchas charlas en
las que aprovechamos lo que estábamos viviendo para seguir aprendiendo juntos.
También pude ver situaciones similares a las que había vivido yo cuando
atravesé conflictos con mi marido, pero que en ese momento las había percibido
de otra forma, muchas de las cosas que hoy cuento en este libro, fueron
aprendizajes que logré durante esas charlas en las que orientaba a mi amiga,
porque luego de darle ejemplos o plantearle distintas formas de ver las cosas
comprendía que todo eso se aplicaba a mi vida también.
Pude reconocer esas enseñanzas gracias a que recordé que todo es un
maestro, que lo que llega a mi vida es un espejo de mi interior y quiere
mostrarme algo para que yo pueda resolverlo dentro de mí. Si me hubiera
abandonado a solamente transmitir mis conocimientos creyéndome el papel de
maestra y olvidando mi condición de alumna constante, me hubiera perdido de
aprender todas esas cosas que aportaron a la paz interior que hoy tengo y a la
vida que hoy tengo.
Estoy muy agradecida por esta experiencia, por haber podido ayudar a mi
amiga, por haber visto las oportunidades
que se me presentaron para crecer, y por tener ahora una nueva compañera con la
que hablar de nuestros aprendizajes.
Consultá cómo adquirir el libro en papel en: belenaguirrelibros@gmail.com
Texto extraído del libro "Creando caminos, despertando creadores" de Belén Aguirre
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