lunes, 30 de julio de 2018

Creando caminos, despertando creadores: Capítulo 8


CAPITULO VIII
AUNQUE TENGA LA POSIBILIDAD DE ENSEÑAR A OTROS, SIEMPRE SOY ALUMNA

En una oportunidad una amiga que desconocía mi nueva forma de pensar me pidió una opinión sobre una cuestión que le causaba molestia, me contó sobre las causas de eso y no se encontró con la persona que quizás en otro momento hubiera contribuido, sin maldad, a su malestar. Yo le comenté que tenía una forma de ver distinta a la que ella conocía de mí, y que si estaba interesada podía hablarle desde esa nueva perspectiva.
Ella accedió intrigada, y después de hablar un rato y contarle como podía ver yo esas situaciones que le molestaban desde mi percepción, quiso interiorizarse en el tema. Le sugerí que empezara con Silvia Freire, ya que como ella misma dice “su especialidad son las mujeres” y después de mostrarle la pagina de Silvia y el libro “Avivate” le preste el “Minuto a Minuto” que es otro libro de Silvia en el que presenta muchas de las herramientas que menciono en este libro, además de ser un manual de instrucciones para entrenar la mente y empezar a ser consciente en cada minuto de la vida.
Entusiasmada con el cambio al día siguiente fue a la librería y se compró tres libros de Silvia, además de empezar a escuchar sus programas radiales.
En un principio comenzó a ver los cambios que ocurrían en su vida gracias a esta nueva forma de ver que estaba adquiriendo.
Se le presentaban miles de situaciones en las que podía poner a prueba lo aprendido, porque sucede así realmente, si querés trabajar la paciencia, el universo, la vida, o como quieras llamarlo, te va a dar miles de situaciones donde puedas trabajar la paciencia, así se aprende, no se trata de decir, soy una persona paciente, soy una persona amable, sino de llevarlo a la práctica y verte actuando de esa forma cuando cada situación lo requiera.
En una oportunidad estaba viajando en el tren y se sentó una señora a su lado, la mujer le conto algunos problemas por los que atravesaba y ella sintió el deseo de regalarle el libro de Silvia que iba leyendo en el viaje. En ese momento llegaron al destino y bajaron del tren, se perdieron en el tumulto y una vez que salió de la estación se volvió a cruzar con esta mujer, entonces en ese momento, al ya estar receptiva a este tipo de situaciones, se dio cuenta de que era una nueva oportunidad de hacer lo que había sentido que debía hacer antes, así que la llamó y le regalo el libro. La mujer con lagrimas en los ojos y asombrada por su gesto, le agradeció profundamente y ella se sintió tan bien de haberlo hecho que en ese mismo momento me llamó para contarme su gratificante experiencia.
Así pasaron unas semanas y su trabajo interior prosperaba, pero en algún momento volvió a dormirse y la mecanicidad la llevó a caer en la victimización nuevamente.
Unos meses después, volvió a mi casa y me contó que estaba atravesando por unos problemas de pareja, luego de relatarme su forma de ver las cosas le dije:
-          Sabés que yo tengo otra forma de ver las cosas y es desde la responsabilidad y no desde la victimización ¿En verdad querés que te dé mi opinión sobre esto?
De alguna forma yo sabía que, ya teniendo una idea de mi nueva perspectiva, ella tenía en cuenta que lo que le iba a decir no era precisamente “pooobreee, viste, todos los hombres son iguales”, sino que iba a orientarla para que vea su responsabilidad en la situación.
Como ya tenía conocimientos de este nuevo pensamiento y las herramientas que se pueden utilizar, no fue difícil mostrarle como sus actitudes estaban provocando la reacción del otro. Enseguida pudo reconocer como, cegada por la postura de victima que había asumido, se estaba perdiendo de ver lindos gestos que su marido tenía con ella, y no solo que no podía verlos, sino que actuaba de forma muy despectiva frente a estos hechos. Después de una larga charla en la que pudo elegir una nueva forma de pararse frente a la situación volvió a su casa.
Entristecida me llamo a las pocas horas, porque cuando llegó, su marido le planteo que ya estaba cansado y que no quería seguir así. Él le dio las mismas explicaciones de hartazgo que mi amiga tenia al llegar a mi casa, pero ella se había ido con una actitud completamente distinta, y desde mi perspectiva esta nueva situación que se le presentaba era la prueba para que pudiera poner en práctica todo lo que habíamos hablado.
Se lo planteé de esa forma, ya que las circunstancias harían que ellos convivieran un tiempo más, le sugerí que lo tomara como una oportunidad de aprendizaje y pusiera en práctica todo lo aprendido.
Así lo hizo, y si bien la convivencia se hizo más agradable, su marido estaba decidido y eso le generaba cierto temor.
En ese momento me di cuenta que mi tarea no era tratar de recomponer su pareja, eso iba a suceder por si solo si tenía que ser así, mi tarea era lograr que ella alcanzara su paz interior para poder afrontar cualquier resultado. Así que en eso me enfoqué.
Pasaron unas semanas y ella siguió trabajando en su interior, viendo que actitudes de ella no le generaban paz y cuales si, y dejando de ser una persona reactiva para empezar a pensar antes de actuar y evaluar de qué forma en verdad deseaba afrontar cada situación.
Cuando llegó el día de la separación ella había conseguido tener una paz interior que hasta ella misma se asombraba. Tenía en claro lo que quería, pero también sentía que era necesario que las cosas fluyeran y se dieran en los tiempos que la vida propusiera.
Por momentos la ansiedad y el amor la inundaban, y se impacientaba al ver que no parecía haber cambios de parte de su marido, pero en otras ocasiones, comprendía que sus tiempos no eran los mismos que los de él, y se ocupaba de su hijo,  de su casa, y de ella misma, trabajando mucho en su interior.
Durante varios días cenábamos juntas y hablamos de cómo lo estaba viviendo, de sus expectativas y de sus miedos. Hablamos de la importancia de no generarse esas expectativas, de vivir el presente, de dejarse sorprender por la vida, de no querer planificar todo de antemano, ni empezar a suponer que “el otro piensa…”,  o “el otro hace…”, o “el otro me va a decir…”. Trabajamos para mantener la mente en silencio y escuchar al corazón, también en estar abierta a los cambios de rumbo inesperados, y de permitirse vivir las emociones de la mejor manera posible, desde la conciencia y en armonía con su ser interior.
Resumiendo un poco al cabo de unas semanas mi amiga estaba ya muy bien parada en su nueva vida, con proyectos y muchas ganas de superarse día a día tanto en su trabajo interior como en el ámbito social y laboral. Fue entonces cuando su marido se comunico con ella y le dijo que toda esa situación le había permitido pensar mucho, que quería estar con ella y con su hijo y que quería darle otra oportunidad a la pareja. En un principio ella se sintió abrumada, quizás por el temor de estar dando un paso atrás a toda la tranquilidad que había logrado, en realidad no sé muy bien qué es lo que pasaba por su mente en ese momento, pero su actitud era distante, parecía que ya no le interesaba intentarlo de nuevo. Cuando habló conmigo noté que estaba cayendo nuevamente en una postura de víctima, esta vez de una forma distinta, con cierta arrogancia, que según mi percepción provenía del miedo a caer nuevamente justo en el momento en el que había logrado reponerse.
Yo había dejado ya de acompañarla de cerca, para permitirle actuar desde su ser, como quien enseña a andar en bicicleta a su hijo, sabe cuando llega el momento de soltarlo y ver que lo logra por sí mismo, pero en ese momento, en el que percibí que estaba actuando desde el miedo y no desde el amor, sentí que debía intervenir, sutilmente, solo ser una luz de alerta por si se había dormido. Entonces le dije:
-          Fijate, vos sabes que hacer, escucha a tu corazón, pensá que es lo que querés realmente, actuá desde el corazón, creo que le diste el volante a tu ego y es necesario que te mantengas despierta para ver si te está llevando a donde vos querés ir. Antes de actuar preguntate ¿Esto me va a llevar a lo que yo deseo? ¿Esto es lo que me trae paz?
Eso fue lo último que hablamos ese día, al día siguiente me llamó y me dijo que había estado pensando, que se preguntó que quería en verdad, y que se dio cuenta de que estaba por dejarse llevar por una situación que en realidad no estaba acorde a sus deseos. Se encontró con su marido, hablaron mucho de los cambios que se produjeron en ambos, pusieron en claro cuestiones que antes quedaban en silencios y enojos por falta de comunicación, y se dieron una nueva oportunidad.
Hoy la veo muy bien junto a su marido y su hijo, enfocada en crecer y aprender, tomando cada situación que se presenta como una oportunidad para conocerse y para seguir aprendiendo.
Dejó su papel de víctima para tomar el control de su vida y comprender su condición de alumna de sus experiencias.

En todo ese gratificante proceso de ayudar a mi amiga a encontrar su paz, pude aprender muchísimas cosas. Por momentos se generaban debates con mi marido por las distintas percepciones que teníamos de la situación. Creí que en ese momento los dos llegamos a un punto en el que competíamos por tener la razón. Aunque en verdad después comprendí que yo lo estaba percibiendo de esa forma, yo era la que sentía que él competía conmigo y yo era la que sentía que cada vez que decía algo, él me interrumpía para decir lo mismo pero con otras palabras. Y fue muy gracioso cuando me di cuenta de eso, porque tomé conciencia de que estaba aprendiendo tanto como mi amiga, que me estaba olvidando de trabajar en mí todos los días. Cuando comprendí todo esto enseguida le conté a mi marido lo que me había estado pasando, la forma en la que yo estaba percibiendo su actitud y como pude ver que tenía que trabajarlo desde mi ser. Nos alegramos por poder comunicarnos de esa forma y tuvimos muchas charlas en las que aprovechamos lo que estábamos viviendo para seguir aprendiendo juntos.
También pude ver situaciones similares a las que había vivido yo cuando atravesé conflictos con mi marido, pero que en ese momento las había percibido de otra forma, muchas de las cosas que hoy cuento en este libro, fueron aprendizajes que logré durante esas charlas en las que orientaba a mi amiga, porque luego de darle ejemplos o plantearle distintas formas de ver las cosas comprendía que todo eso se aplicaba a mi vida también.
Pude reconocer esas enseñanzas gracias a que recordé que todo es un maestro, que lo que llega a mi vida es un espejo de mi interior y quiere mostrarme algo para que yo pueda resolverlo dentro de mí. Si me hubiera abandonado a solamente transmitir mis conocimientos creyéndome el papel de maestra y olvidando mi condición de alumna constante, me hubiera perdido de aprender todas esas cosas que aportaron a la paz interior que hoy tengo y a la vida que hoy tengo.
Estoy muy agradecida por esta experiencia, por haber podido ayudar a mi amiga,  por haber visto las oportunidades que se me presentaron para crecer, y por tener ahora una nueva compañera con la que hablar de nuestros aprendizajes.

Texto extraído del libro "Creando caminos, despertando creadores" de Belén Aguirre


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